EL PRESENTE



EL PRESENTE
por Francisco-Manuel Nácher

1.- El tiempo ha sido y sigue siendo una de las grandes incógnitas 
para todos los pensadores de todas las épocas. Realmente, aún no se puede definir exactamente. Lo medimos, al parecer lo vivimos, se nos escapa entre los dedos, nos domina, nos condiciona, nos 
envejece...pero no lo podemos acabar de comprender ni, por tanto, de dominar.
Generalmente dividimos el tiempo en tres zonas de su ser: el 
pasado, el presente y el futuro, las tres inaprehensibles, relativas y sólo concretas para cada uno de nosotros individualmente.
El pasado se extiende desde el origen hasta el instante actual. El 
Presente es tan sólo ese instante. Y el futuro es lo que aún no ha 
llegado y está tras el presente. Pero el pasado crece continuamente y el futuro, a pesar de irse convirtiendo, primero, en presente y, luego, en pasado, es ilimitado, sin un fin previsible.
Para poder introducirnos, un poco, en esa parte del tiempo que 
llamamos presente, se hace necesario, previamente, repasar nuestra 
constitución como espíritus vivientes en este mundo. De otro modo 
nos resultaría imposible este estudio. Vamos, pues, a dar ese primer 
paso en este asunto tan abstruso.

2.- Nuestra composición:
a.- Somos seres compuestos, complejos, fruto de muchos millones 
de años de evolución. Evolución que, por cierto, no ha terminado sino que, prácticamente, acaba de sobrepasar su punto medio. Como origen de nuestra aparición a la manifestación está la chispa divina que somos, a la que llamamos mónada, que nace en el Mundo de los Espíritus Virginales y que, como el Dios del que trae origen, se manifiesta en tres aspectos o espíritus. Esa chispa divina posee todas las facultades, capacidades y poderes de la divinidad misma, por ser una parte de ella, pero no posee conciencia individual, sino grupal, y ha de efundir, poner en acto, todas esas capacidades divinas, que posee sólo en potencia.

b.- El primer aspecto de nuestra Mónada, el más elevado, es el 
Espíritu Divino, que se sitúa en el Mundo del mismo nombre, 
inmediatamente por debajo del de los Espíritus Virginales, siendo el 
siguiente en densidad a éste. La nota clave de nuestro Espíritu Divino es la Voluntad. La Voluntad es la primera causa de todas nuestras actuaciones conscientes. En ella se origina la fuerza que nos permite manifestarnos en cualquier mundo situado por debajo.

c.-  El segundo aspecto de nuestra Mónada es el Espíritu de Vida, que se sitúa en el mundo del mismo nombre y que es el siguiente en densidad.  Su nota clave es amor-sabiduría estática-intuición. Esta Sabiduría es la que formula lo que la voluntad quería, 
la que crea su arquetipo espiritual, impregnándolo siempre de Amor, que es la sangre de la Creación, y facilitando, a veces, su transmisión al plano físico, como intuición, que no es sino el conocimiento directo de la verdad, sin pasar por el razonamiento.

d.- El tercer aspecto de nuestra Mónada es el Espíritu Humano
que se sitúa en la Región Abstracta del Mundo del Pensamiento
que sigue en densidad al anterior. Su nota clave es la Sabiduría 
Activa, es decir, la realización de lo ordenado por el Espíritu Divino y concebido por el Espíritu de Vida.

e.- Los tres Espíritus juntos constituyen lo que llamamos nuestro 
Yo Superior o Ego aunque, a veces, se denomina Ego al Espíritu 
Humano, que es el que, en nuestro estadio de evolución actual, 
podemos contactar.

f.- Descendiendo al siguiente mundo, más denso que el del 
Espíritu Humano, llegamos al Mundo del Pensamiento, que está 
formado por materia cuyo estado normal es el de ebullición, de 
movimiento continuo, y cuya actividad consiste en pensar, razonar, 
elucubrar, juzgar, deducir, inducir, etc., cosas que hace por sí misma incansablemente, cuando no está siendo sometida a la autoridad de la Voluntad, que puede hacer que cese en sus devaneos sin finalidad alguna, y se concentre exclusivamente sobre el tema que aquélla lesometa para que, entonces, piense, razone, elucubre, juzgue, deduzca,induzca, etc. Dice Max Heindel que la mente puede resolver cualquier problema que se le someta, siempre que se la concentre debidamente. 
Hemos de tener en cuenta que, en el Mundo del Pensamiento, los 
pensamientos son reales, son cosas, son los objetos de ese mundo, con existencia propia, que consiste en su contenido mental: un 
razonamiento, un juicio, un silogismo, etc.

g.- El Mundo del Pensamiento se divide, atendiendo a la densidad 
de su materia, en dos Regiones: la superior, menos densa, llamada 
Región del Pensamiento Abstracto, y la inferior, más densa, 
denominada, Región del Pensamiento Concreto.
La Región del Pensamiento Abstracto es la sede de nuestro 
Espíritu Humano, como hemos dicho.

h.- En la Región del Pensamiento Concreto, más densa, como 
hemos dicho, que la Región Abstracta, está situado nuestro siguiente vehículo: la Mente. La mente es el último vehículo que, a lo largo de nuestra evolución, hemos adquirido, ya que se nos ha otorgado, si bien hace unos millones de años, en el presente Período Terrestre, en que nuestra oleada de vida ha adquirido el estadio humano. Se encuentra aún en su estadio mineral. Su finalidad es, utilizando las propiedades de la materia mental de que está formada, servir de enlace entre los tres Espíritus y los tres vehículos inferiores a la mente, es decir, más densos que ella, y que, junto con la propia mente, constituyen lo que llamamos nuestro Yo Inferior o Personalidad. Sirve, pues, la mente para reflejar en los mundos superiores lo que sucede en los mundos inferiores, para que la Mónada, nuestro Espíritu, nuestro verdadero Yo, que es el que ha de evolucionar poniendo en acto todas las facultades divinas que posee aún en potencia, tenga conocimiento de ello y pueda reaccionar y actuar y aprender y adquirir experiencia en 
esos mundos, para él desconocidos, y con los que se ha de ir 
familiarizando a lo largo de su evolución, a medida que despierta a su propia individualidad y despliega sus poderes. Y sirve, igualmente, para que los vehículos de la Personalidad reciban órdenes y mensajes del Yo Superior.

La Mente

En la Época Atlante del Período Terrestre, los Señores de la
Mente irradiaron de sí mismos y depositaron en nuestro ser el núcleo de la sustancia que actualmente estamos tratando de organizar como  mente. Le fue conferida al ser humano para dar objeto y propósito a  sus acciones pero, como el ego era extraordinariamente débil y la  naturaleza pasional muy fuerte, la mente naciente se fundió con el  cuerpo de deseos, dando por resultado la Astucia, que fue la causa de  toda la maldad que se difundió en el tercio medio de la Época Atlante. 
Como la mente es el último de los vehículos humanos formados, no 
puede considerarse de modo alguno como un cuerpo. No es más que un eslabón, una envoltura para que el ego la utilice como punto de  enfoque o concentración. Sin embargo, es el instrumento más valioso  que posee el espíritu, especialmente en la obra de la creación. 
Nosotros, como egos, nuestro Espíritu Humano, funcionamos 
directamente en la sutilísima sustancia de la Región del Pensamiento  Abstracto que hemos especializado dentro de la periferia de nuestra  aura individual. Desde allí contemplamos las impresiones que produce  el mundo externo sobre el cuerpo vital, por intermedio de los sentidos,  junto con los sentimientos y emociones generados por ellos en el  cuerpo de deseos, que se reflejan en la mente. 
En nuestra actual etapa de la evolución, podemos decir que la 
mente nace a la edad de 21 años, pero la esencia de la mentalidad, su  culminación, solo se alcanza alrededor de los 49 años.
La mente es el medio concentrador, merced al cual las ideas 
concebidas por la imaginación del espíritu pueden ser proyectadas en el universo material. Al principio no son más que formas mentales  pero, cuando el deseo de realizar las posibilidades imaginadas ha  puesto al ser humano a trabajar en el Mundo físico con este fin,  entonces las llamamos "realidades" concretas. 
Sin embargo, actualmente, la mente no está enfocada en forma 
que permita dar una imagen clara y verdadera de lo que el espíritu 
imagina. No tiene un foco único y nítido y da imágenes nebulosas. De  ahí la necesidad de la experimentación, para demostrar la impropiedad  de la primera concepción y producir nuevas imágenes o ideas hasta  lograr la verdadera imagen producida por el espíritu en la sustancia mental y reproducirla en la sustancia física. 
En el mejor de los casos, solo podemos modelar con nuestra 
mente las imágenes que tienen relación con la forma, porque la mente  humana no comenzó sino en el Período Terrestre y se encuentra actualmente en su etapa primitiva de desenvolvimiento, o sea su "etapa mineral." Por eso estamos confinados en nuestras operaciones a  las formas, a los minerales. Podemos imaginar toda clase de maneras  de trabajar con las formas minerales de los tres reinos inferiores; pero  podemos hacer poco o nada con los cuerpos vivientes. Es verdad que  podemos injertar una rama viva en un árbol vivo, o una parte viva de  un animal en otro, o clonar un animal; pero, en realidad, no estamos operando con la vida sino con sus formas solamente. Estamos creando circunstancias o condiciones nuevas; pero la vida que ya moraba en esa forma es la que continua subsistiendo. Poder trabajar con la vida está actualmente más allá del poder del ser humano, hasta que su 
mente haya sido vivificada. 
En el Período de Júpiter, que seguirá al presente terrestre, la 
mente habrá sido vivificada hasta cierto punto, y entonces el ser 
humano podrá imaginar formas que vivirán y crecerán y se 
reproducirán, como las plantas. 
En el Período de Venus, cuando su mente haya adquirido 
"Sentimiento" o "Sensación," podrá crear cosas vivas, que crezcan y tengan sensaciones y deseos y se muevan, como los animales. 
Y, finalmente, cuando alcance la perfección, al final del Período 
de Vulcano, podrá imaginar en existencia seres que vivirán, crecerán, sentirán deseos y pensarán, como hoy hacemos los humanos.

Con las noticias mentales recibidas del espíritu, forma nuestras 
conclusiones en la Región del Pensamiento Abstracto, concernientes a los asuntos a que se refieren. Esas conclusiones son ideas. Por el Poder de la voluntad proyectamos las ideas a través de la mente, donde toma forma concreta como pensamientos-forma o imágenes mentales tomadas de la Región del Pensamiento Concreto. 
Las ideas pueden proyectarse contra el cuerpo de deseos con el fin 
de despertar el sentimiento de interés o de indiferencia que impela a la acción inmediata.

i.- El siguiente mundo, tras el del Pensamiento y más denso que 
él, es el Mundo del Deseo. Este mundo está formado por materia, 
llamada de deseos, y que también tiene como característica el que está permanentemente en movimiento. Pero ese movimiento, a diferencia de lo que hace la materia del Mundo del Pensamiento, no piensa, sino que siente, crea ininterrumpidamente deseos, emociones, sentimientos, pasiones, etc. También en este mundo ocurre como en el del Pensamiento, pero aquí los objetos propios de ese mundo no son pensamientos, sino deseos, emociones, sentimientos, etc., cada uno con su contenido emocional propio. Nuestro vehículo correspondiente a este mundo es el llamado Cuerpo de Deseos o Cuerpo Astral o Emocional, que es el penúltimo cuerpo que recibimos a lo largo de la evolución, ya que nos fue dado en el Período Lunar, cuando la oleada de vida de los ángeles alcanzó su estadio humano. Se encuentra en su estadio vegetal. Nuestro Espíritu utiliza su materia para formar nuestros deseos, emociones, sentimientos y pasiones.

j.- El mundo siguiente, descendiendo desde el origen y 
aumentando la densidad de su materia, es el Mundo Físico. También éste mundo se divide en dos Regiones: la superior, llamada Región Etérica, y la inferior, denominada Región Química.

k.- En el Mundo Físico, la característica de su materia es la inercia 
de modo que, si no se la mueve, permanece en reposo.

l.- La Región Etérica, que es el dominio de las fuerzas que 
producen las actividades de la vida y de las formas, permitiendo a 
éstas vivir, moverse y propagarse, se compone de cuatro subplanos, con materia de densidad creciente a medida que descienden, pero con funciones distintas según el éter de que están compuestos.

m.- Cuando hablamos de nuestro Vehículo Etérico, Cuerpo 
etérico o Cuerpo Vital, nos referimos a la cantidad de materia de esas cuatro subdivisiones de la Región Etérica que nuestro Espíritu ha incluido en su aura para utilizarla en la presente encarnación. Nuestro cuerpo Etérico, pues, posee materia de los cuatro Subplanos Etéricos y lo recibimos en el Período Solar, cuando los Arcángeles estaban en su estadio humano.

n.- El subplano más elevado está formado por el Éter Reflector
cuya materia almacena todos los sucesos, fenómenos y vivencias 
producidos en la Tierra. Es lo que se llama la Memoria de la
Naturaleza.

o.- La porción de Éter reflector de nuestro Cuerpo Vital es la que 
permite que los pensamientos impresionen el cerebro, y guarda los 
sucesos y vivencias de esta vida, accesibles fácilmente a la voluntad. 
Se la denomina Memoria Consciente. Si se refiere al resto de las 
vivencias y sucesos, a los que ordinariamente no tenemos acceso 
voluntario, se la denomina Memoria Subconsciente. Y, si se refiere a las vivencias de vidas anteriores, se la denomina Memoria Supraconsciente.

p.- Las memorias Consciente y Subconsciente se hallan 
almacenadas en el Éter Reflector, mientras que la Memoria 
Supraconsciente se encuentra en el Espíritu de Vida, pero 
estrechamente conectada al Éter Reflector. Por eso, mediante la 
hipnosis, se puede acceder a la memoria de vidas pasadas. Y por eso, cuando se alcanza determinado grado de evolución, esas vidas se recuerdan también, espontáneamente, con toda claridad.

q.- El segundo Éter en densidad, es el Éter de Luz o Lumínico
Su materia es la que hace posible la percepción, los sentidos, el calor de los cuerpos, el movimiento, la circulación de la sangre, la función clorofílica y la circulación de la savia en los vegetales, etc.

r.- El tercer Éter es el Éter de Vida o Vital, y tiene por misión 
principal hacer posible la reproducción, la perpetuación de las 
especies.

s.- Y el cuarto y último Éter, el más denso, es el Éter Químico
que permite que asimilemos y excretemos, haciendo posible la 
subsistencia del cuerpo físico.

t.- La Región Química del Mundo Físico está compuesta por los 
sólidos, líquidos y gases y es la que nos es más familiar, pues en ella se desarrolla nuestra vida consciente y de su materia está formado nuestro Cuerpo Físico, que es nuestro vehículo correspondiente a este Mundo, el más antiguo que tenemos, ya que lo recibimos en el Período de Saturno, cuando los Señores de la Mente pasaban por su estadio humano.

u.- Los tres vehículos inferiores (cuerpos Físico, Etérico y de 
Deseos) más el Mental, constituyen nuestra Personalidad o Yo 
Inferior que, a través de los tiempos, ha acabado por adquirir cierta independencia y cierta voluntad propias que opone a la voluntad 
espiritual y provoca la lucha en que consiste el recorrido del llamado Sendero, que todos los humanos hemos de transitar.

v.- Como el Cuerpo Mental o Mente es un Período (varios 
millones de años) más joven que el Cuerpo de Deseos, éste se le 
impuso enseguida y, desde entonces, prácticamente el cuerpo mental trabaja para satisfacer los deseos, dando lugar a la astucia. Sólo, cuando vamos desarrollando y fortaleciendo la mente y logramos contraponer lo que es lógico o conveniente o bueno o preferible o razonable a lo que deseamos (ejemplo típico, el del fumador que desea dejar su vicio y ve cómo su razón lucha con sus deseos), logramos que la mente se imponga. Y ésa es la doble gran labor de nuestra época: 
por un lado, que la mente logre imponerse a los deseos y sólo hagamos lo que proceda hacer, dando lugar al nacimiento del discernimiento; y que nuestros deseos sean razonables y positivos y elevados y, sobre todo, altruistas, guiados por la Sabiduría y el Amor. Recordemos que la meta de la evolución consiste en llegar a “pensar con el corazón y amar con la mente”.

w.- Millones de años e innumerables vidas nos hemos 
identificado con nuestra Personalidad, especialmente con los 
vehículos más antiguos: el cuerpo físico, el etérico y el de deseos. Y, como es la mente, el vehículo más reciente, y que aún se halla en su estadio mineral, el que nos permite ser conscientes de nuestra propia existencia, casi todos creemos que somos nosotros los que pensamos aunque, la que en realidad lo hace es ella y, además, dada su naturaleza, casi siempre por su cuenta, mientras no es controlada por la voluntad, nota clave del Espíritu Divino, el superior de nuestros tres Espíritus.
Pero no somos nuestra mente. Ésta es sólo un instrumento del 
Espíritu. La prueba está en que, si queremos pensar, pensamos y, si no queremos, no pensamos. Luego, somos dos cosas distintas. Y lo
mismo sucede con el Cuerpo de Deseos (si queremos desear algo o
sentir algo, lo hacemos y, si no, no), el Cuerpo Vital (si queremos ver algo, lo vemos y, si no, no) y el Cuerpo Físico (si queremos hacer lago, lo hacemos y, si no, no). Y, como no es posible que el que manda y el que obedece sean una misma cosa, queda claro que los vehículos son distintos del Espíritu y pueden – y deben – ser 
dominados por él.
No hemos de perder de vista que los distintos mundos y, dentro 
de ellos, los distintos planos, se compenetran unos a otros, de modo que los menos densos compenetran a todos los más densos y, además, los exceden en tamaño, sobresaliendo de ellos. Y así, el Espíritu Divino compenetra y excede al Espíritu de Vida, y éste al Espíritu Humano, y éste a la Mente, y ésta al Cuerpo de deseos, y éste al cuerpo Etérico, y éste al Cuerpo Físico. Y que esa compenetración hace que estén todos esos mundos y planos íntimanente unidos, de modo que cualquier incidencia en uno de ellos, afecta a todos los que lo compenetran y a los por él compenetrados.
Hay que tener presente también que, aunque todos nuestros 
Espíritus y vehículos se representan situando arriba los menos densos y debajo los más densos, en realidad, dado que todos se compenetran, no hay arriba ni abajo, y todos los menos densos están en todos los más densos. Así es posible comprender la omnipresencia de Dios, ya que compenetra a toda su creación, y la inexistencia de distancias en los planos superiores. Y la afirmación de Cristo de que “el reino de los Cielos está dentro de nosotros.”

3.-Cuando una forma mental o pensamiento en enviado por la mente al Cuerpo de Deseos, una vez en éste, pueden ocurrir varias cosas:
A) Que el pensamiento produzca Interés, en cuyo caso se 
despertará una de las dos fuerzas gemelas: la de Atracción o la de 
Repulsión. 

a) Si la de Atracción, la fuerza centrípeta se despierta, toma el 
pensamiento, presta vitalidad a la imagen y la envuelve en materia de deseos. Entonces el pensamiento puede obrar sobre el cerebro etérico e impulsar la fuerza vital hacia los apropiados centros cerebrales,  nervios y músculos que ejecutarán la acción necesaria. En esta forma se gasta la fuerza del pensamiento y la imagen subsiste en el éter del  cuerpo vital como memoria del acto y del sentimiento causado por él. 

b) La de Repulsión es la fuerza centrífuga, y si esta es despertada 
por el pensamiento, habrá una lucha entre la fuerza espiritual (la 
voluntad humana), dentro del pensamiento-forma y el cuerpo de 
deseos. Esa batalla es la que se entabla entre la conciencia y el deseo,  entre la naturaleza superior y la inferior. La fuerza espiritual, a pesar  de la resistencia, tratará de envolver el pensamiento-forma en la  materia del cuerpo de deseos necesaria para manipular el cerebro y los  músculos. La Fuerza de Repulsión tratará de dispersar la materia  apropiada y expulsarla del pensamiento. Si la energía espiritual es  fuerte, puede abrirse camino hasta los centros cerebrales y mantener su  envoltura de materia de deseos mientras manipula la fuerza vital,  compeliéndola así a la acción, y entonces dejará sobre la memoria una 
impresión vívida de la batalla y de la victoria. Si la energía espiritual  se gasta antes de que se haya producido el acto, será sobrepasada por  la fuerza de Repulsión y será archivado en la memoria como todos los  demás pensamientos-formas cuando han agotado su energía. 

B) Si la forma de pensamiento produce el sentimiento neutral de 
indiferencia y, consecuentemente, no provoca una acción inmediata,  entonces aquellas imágenes pueden proyectarse directamente sobre el  éter Reflector, junto con los pensamientos originados por las mismas,  para ser empleados en el futuro. El espíritu que trabaja a través de la  mente tiene acceso instantáneo al archivo de la memoria consciente y  puede resucitar en cualquier tiempo cualquiera de las imágenes que  allí se encuentran, y vigorizarlas con nueva fuerza espiritual y  proyectarlas contra el cuerpo de deseos compeliéndolo a la acción.
Cada vez que tales imágenes se emplean, ganan en fuerza, 
eficiencia y nitidez, y compelerán a la acción en el sentido apropiado  más eficientemente que en las ocasiones previas, porque abre canales  en el cerebro, por así decirlo, y produce el fenómeno del crecimiento y  vigorización del pensamiento por la repetición.

C) La tercera forma de emplear el pensamiento se da cuando el
pensador lo proyecta hacia otra mente para que actúe como sugestión, para proporcionarle informaciones, etc., como en la telepatía, por ejemplo; o puede ser dirigido contra el cuerpo de deseos de otra persona para compelerla a la acción, como en el caso de un hipnotizador que influye sobre su víctima a distancia. Entonces obrará precisamente de la misma manera como si fuera el propio pensamiento de la víctima. Si está de acuerdo con la idiosincrasia de ésta, obrará en la forma indicada arriba. Si es contrario a su naturaleza, obrará como se describió también en ese supuesto. Todo este proceso es el que se sigue cuando interviene la voluntad. Cuando tiene lugar inconscientemente, como consecuencia sólo de la naturaleza de las materias mental y de deseos, es cuando se producen esos pensamientos, deseos y emociones que suelen terminar en miedos, manejando recuerdos, elaborándolos con experiencias similares o asociadas y, proyectándolas al futuro donde, como no son fruto de la 
voluntad consciente, no se realizarán, pero servirán para producirnos sentimientos y emociones negativos y como materia prima para futuras elucubraciones, acabando por transformarse en hábito, con consecuencias negativas en todos los planos.
Cuando el acto designado por una forma de pensamiento ha sido 
realizado o su energía se ha agotado en vanas tentativas para realizar su objeto, gravita nuevamente en torno de su creador, llevando consigo el recuerdo indeleble de la jornada. Su éxito o fracaso se imprime en los átomos negativos del éter Reflector del cuerpo vital de su creador, donde forma esa parte de la memoria de la vida del pensador que se denomina memoria subconsciente. 
Este recuerdo es mucho más importante que la memoria a la que 
tenemos acceso consciente, porque esta última está formada por 
percepciones de los sentidos, imperfectas e ilusorias, y es la que 
llamamos memoria voluntaria o consciente. Pero memoria 
involuntaria o subconsciente se forma de otra manera, estando fuera de nuestro dominio actualmente. Así como el éter lleva a la película sensible de la cámara oscura una impresión fidelísima del paisaje, hasta en sus menores detalles, sin tener en cuenta si el fotógrafo los ha observado o no, así también el éter contenido en el aire que inspiramos, lleva consigo una imagen fiel y detallada de todo nuestro alrededor. Y no solamente de las cosas materiales, sino también de las condiciones que existen en cada momento en nuestra aura.
El más fugaz sentimiento, pensamiento y emoción se transmite a 
los pulmones, donde se inyecta en la sangre. La sangre es uno de los productos más elevados del cuerpo vital, porque es el vehículo que lleva el alimento a todas las partes del cuerpo y es también el vehículo directo del Ego. Las imágenes que contiene se imprimen sobre los átomos negativos del cuerpo vital, para servir como árbitros del destino del hombre en el estado post mortem. 
La memoria consciente y la subconsciente, se refieren 
completamente a las experiencias de esta vida, y se componen de las impresiones de los acontecimientos archivados en el cuerpo vital. 
Dichas impresiones pueden ser modificadas o borradas, en lo que 
llamamos el olvido de los pecados y cuyo cambio o desaparición 
definitiva dependen de la eliminación de esas impresiones del éter del cuerpo vital. 
Hay también una memoria supraconsciente. Es, por así decirlo, el 
archivo o almacén de todas las facultades adquiridas y conocimientos conseguidos en las vidas anteriores, aunque quizás latentes en la presente encarnación. Este recuerdo está grabado indeleblemente en el Espíritu de Vida. Se manifiesta ordinariamente, aunque no en toda su extensión, como la conciencia y el carácter que animan todos los pensamientos-forma, algunas veces como consejero, otras compeliendo a la acción con irresistible fuerza y hasta contradiciendo a la razón y al deseo. En muchas mujeres, que tienen el cuerpo vital positivo, y en las personas avanzadas de cualquier sexo, cuyos cuerpos 
vitales se han sensibilizado por una vida pura y santa, por la oración y por la concentración, esta memoria supraconsciente, inherente al 
Espíritu de Vida, está ocasionalmente por encima de la necesidad de envolverse en materia mental o de deseos para compeler a la acción. 
No siempre necesita correr el riesgo de verse sujeta y hasta sometida por el proceso del razonamiento. Algunas veces, en forma de intuición o de enseñanza interna, se imprime directamente sobre el éter reflector del cuerpo vital. Cuanto más dispuestos nos encontremos a recoger y seguir sus dictados, tanto más a menudo hablará para nuestro eterno beneficio. La intuición es esa vocecita que nos aconseja ante cualquier elección y a la que casi nunca obedecemos para luego arrepentirnos de no haber seguido sus sugerencias..

Por sus actividades durante las horas de vigilia, el cuerpo de
deseos y la mente están constantemente destruyendo el vehículo
denso. Cada pensamiento, cada movimiento, destruye tejidos. Por otro lado, el cuerpo vital se dedica de lleno a restaurar la armonía y 
reconstruir lo que los otros vehículos están destruyendo. Sin embargo, no puede siempre compensar completamente los estragos causados por los impulsos, sentimientos y pensamientos. Gradualmente, va perdiendo terreno y, por último, llega un momento en que se paraliza. 
Los átomos etéricos se “salen”, por así decirlo, de los átomos físicos. 
El fluido vital cesa de circular por los nervios en la cantidad necesaria; el cuerpo se hace pesado; el pensador se encuentra cohibido por su pesadez y se ve obligado a salir de él, llevándose el cuerpo de deseos consigo. Esta salida de los vehículos superiores deja al cuerpo denso interpenetrado por el cuerpo vital en el estado, sin sentido, que llamamos sueño. El sueño, sin embargo, no es en manera alguna un estado inactivo, como se supone generalmente. Si así fuera no habría diferencia en el cuerpo al despertar por la mañana y su fatiga sería igual de grande. Por el contrario, el sueño es un período de intensa actividad y, cuanto más intensa es ésta, tanto más grande es su valor, porque elimina los venenos resultantes de los tejidos destruidos por las actividades físicas y mentales del día. Los tejidos son así reconstruidos 
y el ritmo del cuerpo restablecido. Cuanto más perfectamente se 
realiza este trabajo, tanto mayor es el beneficio que el sueño aporta.

4.-La consciencia es la certeza de nuestra propia existencia y de 
nuestro entorno. Desgraciadamente, no estamos acostumbrados a ser conscientes de lo que hacemos la mayor parte del día. Y, en cuanto dejamos de enfocar la atención (la voluntad) sobre el cuerpo mental y el de deseos, éstos, siguiendo su natural manera de expresión, piensan y desean y elucubran y sueñan y proyectan y recuerdan y se emocionan, y sienten y fantasean libremente.
La consciencia, que es, pues, el saber que estamos existiendo y 
decidiendo y actuando en nuestro entorno o en nosotros mismos, es 
fundamental. La vida es una permanente sucesión de elecciones, 
decisiones y adaptaciones, pues cada decisión, nacida de una 
elección, hace cambiar inevitablemente el entorno (físico, emocional o mental) y nos obliga a una adaptación. Por ejemplo: si decidimos salir de esta habitación, habremos de adaptarnos inmediatamente a una nueva temperatura, a otro nivel de humedad, a nuevos ruidos, a otros  estímulos ópticos, etc.; recordaremos momentos similares ya vividos  y los efectos asociados; desearemos algo y sentiremos algo. Con ello  se incrementará el deseo o el asentimiento, si es positivo, o el rechazo,  si es negativo y ambos nos afectarán.
Hay que considerar también que una decisión supone siempre 
elegir una entre varias posibilidades, eliminando todas las otras con 
todas las consecuencias que de ellas podrían derivarse en el futuro y  que nunca volverán.
La consciencia se debe a la atención, a la concentración, por un 
instante, para decidir (cuando no hemos automatizado alguna vivencia,  como conducir, pues entonces no decidimos conscientemente, salvo si  surge algo que no estaba previsto en lo mecanizado) Por eso, cuanto más conscientes somos es cuando más nos concentramos. Pero sólo  somos conscientes de lo que decidimos estudiar o hacer y de nada  más, porque la mente no puede ocuparse de más de un asunto a la vez.

5.-Como lo importante para nuestra evolución es adquirir la mayor 
cantidad de experiencia posible en este mundo físico, empleando los cuatro vehículos de la Personalidad, físico, etérico, de deseos y 
mental, y como sólo podemos aprender conscientemente cuando nos concentramos sobre algo, es claro que la concentración mental se convierte en la herramienta clave de nuestra evolución .
Tan importante es la concentración que es uno de los ocho pilares 
sobre los que se apoya la evolución que la Filosofía Rosacruz puede proporcionar y que son: la observación, la retrospección, la 
meditación, el discernimiento, la oración, la contemplación, la 
adoración y, por supuesto, la concentración.
Pero, ¿qué es la concentración? ¿Qué es lo que la caracteriza? 
Sencillamente, que nos hace ser conscientes de lo que está sucediendo ahora, ser dueños de nuestra mente y de nuestra personalidad toda, y nos permite ser lo que realmente somos: un espíritu plenamente consciente de su existencia y de su poder sobre sus instrumentos, esos cuatro cuerpos en los que se ve obligado a vivir mientras quiere actuar en este mundo: el físico, el etérico, el de deseos y el mental.

La concentración consiste en enfocar el pensamiento en un
solo punto, así como los rayos del Sol son enfocados por medio de
una lente. Cuando se difunden sobre la superficie de la tierra entera no dan sino un calor moderado, pero, aún unos pocos rayos solares 
enfocados a través de un cristal ordinario, pueden hacer arder el 
material inflamable sobre el cual se enfocan y, como todos sabemos, es ésa la causa de muchos incendios forestales. Similarmente, cuando se cuela el pensamiento a través del cerebro como el agua a través de un cedazo, no es de valor pero, cuando se concentra sobre cierto objeto, aumenta en intensidad y alcanza el propósito que encierra, para el bien o para el mal.
Se nos dice también por las Enseñanzas Rosacruces que la 
oración, correctamente realizada, es más efectiva que la concentración. 
¿Por qué? Porque la oración bien realizada supone la concentración, es decir, el vivir en el presente, pero, además, supone el contacto con los planos superiores, que se apresuran a llenarnos de energías y vibraciones positivas proporcionales a nuestra devoción, a nuestras miras y a la elevación alcanzada, ya que la naturaleza odia el vacío y nuestro envío de energía a los planos superiores es respondido por energía de dichos planos que rellena el vacío producido.
Nuestro cuerpo de deseos está formado por materiales de las siete 
regiones del Mundo del Deseo y, en proporción a nuestros 
requerimientos, según son determinados por la naturaleza de nuestros pensamientos, cada pensamiento se viste de materia de deseos en consonancia con su naturaleza. 
Sobre este particular, dice Max Heindel en otra de sus obras: que 
la mayoría de los hombres dejan la vida física con el mismo 
temperamento con que vinieron a ella, pero el estudiante rosacruz 
debe conquistar sistemáticamente todos los arrebatos del cuerpo de 
deseos y asumir su propio dominio. Esto puede efectuarse por la 
concentración sobre elevados ideales, lo que vigoriza el cuerpo vital y es mucho más eficaz que las oraciones corrientes. El "ocultista científico" emplea la concentración con preferencia a la oración porque la primera se realiza con ayuda de la mente, que es fría e insensible, mientras que la oración está dictada generalmente por la emoción, casi siempre egoísta. Pero, cuando es dictada por la
devoción pura e impersonal hacia elevados ideales la oración es muy superior a la fría concentración. Nunca podrá ser fría, porque vuela  con las alas del Amor, la emanación del místico hacia la Deidad.
Esto se aplica al pensamiento formado y expresado en la oración. 
Si es egoísta, atrae a sí mismo una cubierta compuesta de sustancia de  las regiones inferiores del Mundo del Deseo, pero si es noble, 
inegoísta y altruista, vibra con el tono superior de las regiones de la 
Vida Anímica, de la Luz Anímica y del Poder Anímico. Y se envuelve en este material, agregándole vida y luz a nuestra naturaleza espiritual. 
Aún cuando oremos por otros, es dañino pedir algo material o 
mundano. Es permisible pedir salud, pero no prosperidad económica. 
"Buscad primero el Reino de Dios y Su Justicia y lo demás se lo dará por añadidura", es el mandamiento. Cuando cumplamos con ese mandamiento podemos estar seguros de que todas las demás cosas nos serán dadas. Por lo tanto, cuando oremos por un amigo pongamos todo nuestro corazón y alma en la petición de que él pueda permanentemente buscar el Camino, la Verdad y la Vida porque, habiéndolo encontrado y siendo el más grande de todos los tesoros, no le será negada nunca ninguna necesidad real. 
En uno de los libros de nuestra Fraternidad, se dice textualmente:
Pregunta:¿Por qué la mañana es el momento mejor para la 
concentración?
Respuesta: El objeto de los ejercicios, tanto el de la mañana 
como el de la noche, es poner al discípulo en contacto consciente con los mundos invisibles, y no hay momento mejor para ello que la mañana, porque durante la noche el espíritu se retira del cuerpo denso y entra en el mundo invisible, dejando al cuerpo dormido en el lecho, y la vuelta del espíritu por la mañana es lo que hace que el cuerpo se despierte y concentre su atención en el mundo material por medio de los órganos de los sentidos. Debe cerrar sus sentidos en tal forma que no vea ni oiga nada en su habitación. Cuando lo consiga, las escenas del Mundo del Deseo se presentarán ante su visión interna. Primero, esporádicamente, después, más y más claramente, conforme la práctica lo vaya perfeccionando.

El poder de la concentración mental puede también emplearse 
para curar y ayudar, y no faltan ejemplos para probar esta afirmación. 
Podemos, por lo tanto, decir que la concentración es la aplicación 
directa del poder del pensamiento a la consecución de cierto objeto 
definido, que puede ser malo o bueno, de acuerdo con el carácter de la persona que la practica y con el propósito para el cual desea usarlo.
La concentración es también imposible en los casos en que los 
seres queridos de un moribundo, que están presentes a la hora de la 
muerte, prorrumpen en alaridos y en lamentaciones histéricas en el 
momento en que exhala el último suspiro y continúan así en los días siguientes. El espíritu, que está en aquellos momentos en estrecho 
contacto con el mundo físico, se verá muy afectado por la pena de los seres queridos y, por lo tanto, le será imposible enfocar su atención todo lo atentamente que es preciso, en la contemplación del panorama de su vida y, de este modo, la impresión efectuada en el cuerpo de deseos no será tan profunda como si el espíritu que parte pudiese hacerlo en paz y sin perturbación. La consecuencia será una vida, con todas las experiencias que conllevaba, totalmente perdida.

La concentración, pues, es clave, tanto para la vida física 
como para la vida espiritual.

Relata Max Heindel que, una alumna recién fallecida, en una de 
las muchas veces que le visitó, se lamentó diciendo que le parecía muy difícil seguir progresado en el estudio de la Astrología. Max Heindel 
le aconsejó que continuase asistiendo a las clases y le sugirió que 
procurase buscar a algún ser en la "otra parte" que pudiera ayudarla en tal estudio. A esto, ella exclamó impacientemente: "¡Oh, sí!, por 
supuesto, yo asisto a las clases; lo he venido haciendo así desde mi 
partida; también he encontrado un amigo que me ayuda; pero no se 
puede imaginar lo difícil que es concentrarse aquí en cálculos 
matemáticos, en la lectura de un horóscopo o en cualquier otro asunto, pues la más pequeña corriente de pensamiento lo lleva a uno a miles de leguas de distancia del objeto de su estudio o concentración. 
Yo suponía que era muy difícil el concentrarse cuando estaba en el 
cuerpo físico, pero aquella dificultad no tiene punto de comparación con los obstáculos que aquí encuentra el estudiante." 

El cuerpo físico le servía a ella de áncora, y eso nos ocurre a
todos. Su calidad de denso es precisamente una defensa contra las
influencias perturbadoras, de las que los cuerpos espirituales más 
sutiles no nos pueden proteger. Nos capacita igualmente para llevar 
nuestras ideas a conclusiones lógicas con mucho menor esfuerzo de 
concentración del que es necesario en un plano donde todo se halla en tan incesante y febril movimiento. De este modo estamos 
gradualmente desenvolviendo la facultad de contener nuestros 
pensamientos en un punto durante la existencia en este mundo. 
Existió un tiempo (los dos primeros tercios de la Época Lemúrica) 
en que la raza humana vivía en un estado libre de pecado, cuando el pesar, el dolor y la muerte eran desconocidos. No es que no existieran, como existen los silogismos en el Mundo del Pensamiento. Tampoco el tentador personal de la Cristiandad es un mito, pues los espíritus de Lucifer, puede muy bien decirse que son ángeles caídos y su tentación contra el hombre consistió en una concentración de la conciencia humana sobre la fase material de la existencia, por lo que cayó bajo la ley de la decrepitud y de la muerte, que reinan en este plano.

Max Heindel se pregunta: ¿Cuál es, generalmente, el mayor 
obstáculo para nuestro progreso en el trabajo espiritual? Y responde terminantemente: la falta de concentración.

Un filósofo y monje budista nos dice cómo disfrutar de una buena 
taza de té: “Debemos estar completamente atentos al presente para 
disfrutar de una taza de té. Sólo siendo conscientes del presente, 
nuestras manos sentirán el calor de la taza. Sólo en el presente 
aspiraremos el aroma del té, saborearemos su dulzura y llegaremos a apreciar su exquisitez. Si estamos obsesionados por el pasado o 
preocupados por el futuro, dejaremos escapar la oportunidad de 
disfrutar de una buena taza de té. Y, cuando miremos al fondo de la taza, su contenido habrá desaparecido.”

6.- La materia mental está, como hemos dicho, en movimiento 
constante, porque es así su naturaleza. Piensa continuamente, 
manejando los datos que tiene del pasado y proyectándolos al futuro combinados en mil formas, junto con los acontecimientos 
almacenados en la memoria, no sólo la consciente, sino la 
subconsciente y aún la supraconsciente: miedos, fobias, tendencias, 
etc.. Y todo eso lo hace espontáneamente, de modo natural, hasta que la voluntad se concentra sobre un tema y entonces, esa materia mental se aquieta y obedece a la voluntad pensando, razonando o juzgando lo que se le haya sometido.

La mente, como instrumento que es, puede – y debe .- ser 
manejada por la voluntad. Pero teme esa subordinación, se resiste a 
ella – lo mismo que se resiste el alimento a ser asimilado y nos exige la digestión, con un considerable desgaste de energía - pues va contra su natural costumbre. Por eso nos resulta tan difícil concentrarnos en algo, si es elevado, como las matemáticas, que tanto nos asustan y, sobre todo, dejar la mente en blanco, es decir, sin pensar nada, parada, misión, para algunos, prácticamente imposible y que hay que practicar.

La mente está aún en su estadio mineral, es decir, poco 
evolucionada. Y, como su estado natural es el del movimiento 
continuo y compenetra el cuerpo de deseos, y éste al cuerpo vital, 
asiento de la memoria., dejada en libertad, piensa y elucubra y 
raciocina y proyecta y juzga y recuerda y combina experiencias y 
sentimientos...todo ello sin ningún sentido ni ningún fin concreto ni 
ninguna utilidad, sino sólo como expresión o consecuencia de su 
natural modo de ser y de manifestarse. Algo parecido a esos pozos 
volcánicos de lodo que burbujean continuamente sin ningún objetivo concreto. O el agua en ebullición, verdadera imagen del caos, privado de orden, de sistema, de permanencia y de objetivo.
Por ejemplo: si estamos enfermos, evocará a amigos o conocidos 
que lo estuvieron y, luego, nos atribuirá en el futuro sus experiencias si fueron desgraciadas, con lo que nacerá nuestro miedo. Contra este hábito hemos de salir al paso con el contrario positivo. De modo, lo que la mente preverá y deseará para nosotros será positivo.

7.- Voy a referirme ahora a unos trabajos míos sobre le tema del
tiempo, asunto que toda la vida me ha sugestionado e intrigado. El
primero se titula “La ilógica e interminable búsqueda de la felicidad” y es éste:

LA ILÓGICA E INTERMINABLE BÚSQUEDA DE LA 
FELICIDAD

La vida es hermosa. Pero no nos damos cuenta. Nos la pasamos 
esperando que llegue algo que la hará feliz. Y, esperando ese algo, que nunca llega, aunque miles de veces parece próximo, se nos pasa y se nos acaba sin habernos proporcionado ese momento de felicidad.
Curiosamente, sólo hallamos atisbos de plenitud y de dicha 
recordando momentos pasados, que entonces no nos parecieron 
especialmente felices, o imaginando momentos futuros, adornados con toda suerte de circunstancias deseables.
Sin embargo, ni el pasado ni el futuro existen. Y, por tanto, la 
felicidad que pueden proporcionarnos es una felicidad artificial, de 
ficción y que no acaba de satisfacernos.
Pero, ¿qué hacemos con el presente? Desgraciadamente, se nos 
escurre entre los dedos sin que nos paremos a estudiarlo, de tan 
preocupados como estamos por ese momento feliz, tan esperado y que, no sé por qué misteriosa razón, ubicamos siempre en el futuro.
Tratemos, desde hoy, sin embargo, de mirar al presente, ese presente que siempre está ante nosotros, en nosotros, y puede que nos llevemos una grata sorpresa. Porque, mientras nos sentimos desgraciados, el mundo que nos rodea está preñado de belleza, de armonía, de gracia, de equilibrio, de música, de felicidad...Y, mientras, ciegos a todo menos a nuestro egoísmo, nosotros lamentamos cualquier contratiempo, a nuestro alrededor cantan los pajarillos y las plantas abren sus capullos y ríen los niños y el sol transforma en diamantes las gotas de rocío y las nubes dibujan mil figuras en el cielo y la mar arrulla continuamente a la playa adormecida y las mariposas adornan el cielo y las flores lo llenan todo con sus aromas...Y nosotros, ciegos y sordos y ajenos a todo, excepto a nuestra fantasía egoísta, no vemos nada ni oímos nada ni percibimos nada y nos sentimos solos y olvidados y desamparados y desgraciados, en medio de la dicha y la plenitud y la alegría y la vida, que lo llenan todo, que lo constituyen todo...
¿Por qué no damos un frenazo en esa estúpida huida hacia delante 
en que hemos convertido nuestra existencia, y disfrutamos la belleza y la plenitud y la armonía de que está repleto cada instante? Es sólo cuestión de intentarlo, de mirar dentro de las cosas y dentro de nosotros mismos, y pronto veremos la mano de Dios que, 
incesantemente, vela por nosotros, nos ayuda, nos acaricia, nos 
protege y nos empuja suavemente hacia delante posada en nuestro 
hombro...
Cada instante, pues, cada persona, cada animal, cada ser, cada 
acontecimiento, están llenos de vida, de luz y de amor. Sólo tenemos que mirar, y veremos. Y dejaremos de sentirnos desgraciados. Y de esperar ese momento en que nos llegará la felicidad que ya tenemos y que no habíamos aprendido a ver ni a disfrutar.
El siguiente trabajo es un diálogo bastante impactante, titulado 
“El pasado, el presente y el futuro”, y es éste:

..............
ingresar aquí

*
LA OBSERVACIÓN

Max Heindel nos recomienda la observación como uno de los 
instrumentos para alcanzar la vida superior, junto con la 
concentración, la meditación, la oración, la contemplación y la 
adoración.
Pero no insiste, no profundiza en ese tema. Llama nuestra 
atención sobre el hecho de que tenemos ojos pero no observamos. Y nos pone el ejemplo de nuestra camisa, cuyo número de botones 
somos casi todos incapaces de decir, a pesar de haberla abrochado por la mañana.
Sin embargo, sabiendo que se trata de un instrumento importante para nuestra evolución, vale la pena profundizar un poco en esa función de nuestra vida. Para ello, vamos a recordar unas cuantas cosas que luego nos vendrán bien para aplicarlas oportunamente:

1ª.- “Como arriba es abajo y como bajo es arriba”. Axioma 
oculto, Ley de Analogía, que nos dice que los procesos en toda la 
Creación son siempre los mismos, cambiando sólo el nivel en que se producen y, por tanto, el tamaño o la espiritualidad de sus 
protagonistas. Es decir, que lo mismo que funciona un átomo, 
funciona un sistema planetario y una galaxia y un grupo de galaxias, etc. Y lo mismo que funcionamos nosotros, funciona una célula y 
funciona el Dios creador del sistema planetario y todos los creadores por encima de Él.

2ª.- “Si Dios dejase, sólo un instante, de estar atento a Su 
Creación, ésta se desintegraría.” Dios, pues, no sólo está 
compenetrando Su creación, dándole vida, Su vida, a cada átomo y a cada molécula y a cada criatura, sino que permanece concentrado sobre ella y ésta existirá mientas dure esa concentración. Y si, como es arriba así es abajo, hemos de pensar que nuestra mónada, nuestro verdadeo Yo, está concentrado en nuestra Personalidad y que, si 
dejase de estarlo un solo instante, nuestra Personalidad desaparecería. 
Cosa que, por otra parte, sabemos que sucede cuando el Espíritu 
decide que la Presonalidad no está siéndole útil y se retira de ella.

3ª.- “Todo está polarizado”. Y eso quiere decir que estamos 
oscilando entre los extremos, tanto a nivel físico (lo sano y lo dañino), como a nivel etérico (el exceso y el defecto), de deseos (lo positivo y lo negativo) o mental (lo verdadero y lo falso). Y de esas oscilaciones extraemos experiencia que nos hace evolucionar como espíritus.

4ª.- “Los Hermanos Mayores han logrado equilibrar sus 
polaridades”. Se han convertido en andróginos; pueden crearse un 
cuerpo y habitarlo durante siglos; están libres del karma y no lo crean nuevo; pueden curar instantáneamente, tanto el cuerpo físico como los vehículos superiores; permanecen en la Luz; su carácter no experimenta altibajos; conocen todo lo que los demás hemos de 
aprender hasta el fin del Período de Vulcano.

5ª.- “El Sendero es tan estrecho como el filo de una navaja de 
afeitar”.
Con estas premisas, aceptadas por todos, vamos a pensar un poco, 
en forma dialogada, lo que nos permitirá practicar al mismo tiempo. 

Imaginemos, pues, dos amigos que pretenden profundizar en este tema de la observación:
- Concéntrate sobre algo, por ejemplo, un bolígrafo. ¿Qué ocurre 
en ti?
- Ocurre que, automáticamente, veo en mi pizarra mental un 
bolígrafo.
- ¿Nada más?
- Que desaparece todo lo demás.
- ¿Qué quieres decir con eso de que “desaparece todo lo demás”?
- Que, mientras estoy concentrado en el bolígrafo, no pienso en 
nada más, no puedo pensar en nada más. O pienso en él o pienso en  otra cosa, pero en dos a la vez, me es imposible.
- ¿Y no hay muchos pensamientos que quieren aparecer en tu 
mente?
- Sí, claro. Muchos. Pero mientras estoy concentrado en el 
bolígrafo, no pueden aparecer a la luz. Yo los percibo cómo se 
aproximan, pero los rechazo.
- O sea, que tú no “ves” más que el bolígrafo. Para ti no existe 
nada más.
- Podría decirse así: no existe nada más.
- ¿Ni pasado ni futuro?
- Ni pasado ni futuro. Nada.
- De acuerdo. Eso demuestra que es posible concentrarse sobre 
algo con exclusividad, ¿no?
- Desde luego.
- Bien. Ahora deja de concentrarte. Sigue viendo en tu ventana 
mental el bolígrafo, pero no te esfuerces por verlo sólo a él. Y dime 
qué pasa. Te dejo un momento en libertad. Y luego relátame qué ha pasado.
- De acuerdo. - un momento después - Pues ha pasado que, 
enseguida he pensado en el primer bolígrafo que vi.
- ¿Y qué más?
- Luego mi pensamiento ha saltado a la persona que me lo enseñó, 
un tío mío. Luego he recordado que murió hace unos años. Y luego, que también mi padre ha muerto el año pasado. Y de ahí he pasado a recordar a mi padre leyendo, porque él leía mucho. A continuación he recordado que aún no he empezado a leer un libro que me compré anteayer, recomendado por un amigo. Y he pensado que el culpable ha 
sido un vecino, que no me cae muy bien, y que ayer vino
inesperadamente a casa y me impidió hacerlo. Y luego he pensado que esta tarde lo empezaré y, si me gusta, se lo recomendaré a mi mujer y, si es todo lo bueno que me han dicho, lo regalaré a algún pariente para Reyes. Luego he pensado que me gustaría que para entonces me regalaran…
- Vale, vale, vale. Ahora dime: ¿Todas esas cosas, las has querido 
pensar tú o te han venido solas, espontáneamente, como salen las 
cerezas de un cesto, enganchadas unas en otras?
- Exactamente como las cerezas. Apenas he dejado de 
concentrarme en el bolígrafo, han aparecido todos esos pensamientos sin el menor esfuerzo.
- O sea, que tú no los has buscado ni procurado.
- No, en absoluto.
- ¿Y te han producido alguna emoción o algún deseo o algún 
sentimiento o, quizás, algún razonamiento?
- Sí, por supuesto. Vamos a ver: el recuerdo del primer bolígrafo 
que vi me ha hecho revivir la curiosidad que me embargó al ver que una bolita escribía y que la tinta se secaba enseguida. El recuerdo de mi tío ha despertado un sentimiento de tristeza, porque murió en un accidente de tráfico, de modo súbito y sin culpa suya. La muerte de mi padre ha despertado en mí una gran emoción. Al verlo leyendo, he sentido cariño. Luego, al pensar en el libro, he visto fugazmente al amigo que me lo recomendó y he sentido simpatía. Y luego, me he sentido mal al recordar que no lo he empezado a leer. Y cierta antipatía por el vecino inoportuno. Y me he propuesto leerlo esta tarde. Y he sentido satisfacción al pensar en recomendárselo a mi mujer y….
- Con eso me basta. Como ves, esos pensamientos que tú no 
habías buscado, te han producido emociones, sentimientos, deseos, 
propósitos, etc. ¿no?
- Si, ciertamente.
- ¿Y tú crees que esos sentimientos, emociones, deseos y 
propósitos producirán consecuencias en tu vida?
- Hombre… espera que piense. Yo creo que sí.
- ¿En qué sentido?
- En muchos.
- ¿Por ejemplo?

- Por ejemplo: he incrementado mi simpatía por mi tío; mi
compasión por su muerte tan triste; mi cariño por mi padre; mi
inquietud por no haber empezado a leer el libro; mi antipatía por el 
vecino inoportuno; mi propósito de dárselo a mi mujer para que lo lea; y de regalarlo a otros; y mi deseo de que llegue el día de Reyes para recibir mi regalo…
- O sea que, todos esos pensamientos que tú no has buscado, te 
han condicionado y te han hecho sentir varias cosas que no pretendías y hasta adoptar decisiones que afectan a tu futuro, ¿no?
- Si, así es.
- Y eso que te ha ocurrido, apenas has dejado de estar concentrado 
en el bolígrafo, ¿te sucede frecuentemente?
- ¿Frecuentemente? Me sucede todo el día. Porque mi cabeza está 
continuamente recordando y pensando y sintiendo y proyectando.
- ¿Y siempre sin buscarlo tú?
- Pues, la mayor parte de las veces, he de reconocer que sí.
- ¿Y cuándo no te ocurre eso?
- Cuando me concentro sobre algo concreto, como he hecho con 
el bolígrafo. Sólo entonces. Pero eso me sucede muy pocas veces.
- ¿Quieres decir que la mayor parte de tu vida la vives en función 
de esos pensamientos y sentimientos y emociones y propósitos que tú no buscas ni pretendes?
- Aunque parezca una tontería, sí. He de reconocer que sí.
- ¿Podría decirse, pues, que tu vida la dirigen el pasado y el futuro 
o, dicho de otro modo, que vives en el pasado y en el futuro y no en el presente?
- Bien mirado, sí. Porque todos esos pensamientos se refieren al 
pasado o al futuro. Y me llevan del pasado al futuro. Y me hacen 
sentir emociones que sentí ya y emociones que espero sentir más 
adelante. Y me hacen adoptar decisiones en función de lo pasado.
- Pero, ¿son decisiones conscientes?
- Yo no diría tanto: son decisiones que me vienen como servidas 
en bandeja por esos pensamientos espontáneos que yo no deseaba ni buscaba y que aparecen en mi mente enlazados unos con otros, como las cerezas. No, yo no las llamaría decisiones conscientes, sino decisiones más bien inconscientes o subconscientes.
- Pero, si te basas siempre en tus recuerdos y en tus emociones y
deseos antiguos y en los propósitos de ellos derivados, ¿cuándo
examinas las circunstancias presentes para conocer la realidad actual?
- Honradamente, casi nunca. Casi nunca, sí.
- ¿Lo cual quiere decir que la vida se te pasa repitiendo cosas 
pasadas o actuando en base a cosas y sentimientos y deseos que ya has vivido?
- Pues sí, así es.
- ¿Te imaginas cómo sería tu vida si toda ella estuvieras 
concentrado sobre el momento presente, como lo has estado sobre el bolígrafo?
- ¿Pero eso sería posible?
- ¿No es posible concentrarse sobre el bolígrafo?
- Sí, claro. Pero toda la vida concentrados…
- ¿Dónde está el problema?
- En que eso me exigiría un gran esfuerzo mental.
- ¿Y qué?
- Nada.
- ¿Quieres, por un momento, imaginar cómo sería tu vida si 
estuvieras permanentemente concentrado en lo que haces y en lo que ves y en lo que dices y en lo que piensas y sientes? Hazlo y dime después si se parecería mucho a la que me has descrito.
- Desde luego que no. Sería completamente distinta.
- ¿Por qué?
- Porque las cosas las decidiría yo conscientemente y las 
emociones y los sentimientos los provocaría o los rechazaría yo 
conscientemente y sólo me vería afectado por lo que yo quisiera y…
- ¿Podría decirse que ésa sería realmente “tu vida”?
- Exactamente., Es que, si se mira bien, lo que estoy viviendo no 
es mi vida.
- ¿Qué es, pues?
- Es la vida que ya he vivido. Porque vuelvo a sentir las mismas 
cosas y a actuar en consecuencia. Luego, estoy reviviendo siempre las mismas situaciones, los mismos sentimientos, las mismas emociones, los mismos pensamientos, los mismos actos… siempre lo mismo. ¡Es espeluznante!
- Y, si sabes que toda energía puesta en funcionamiento produce
un efecto, cuyas consecuencias revertirán sobre ti, en un momento u otro, ¿qué consecuencia sacas?
- Una terrible: ¡que así no puedo evolucionar; que estoy 
repitiendo las mismas tonterías siempre y creando cada vez el mismo karma!
- ¿Y qué solución le ves al problema?
- ¿Solución? Deja que me concentre, que ahora sí que me hace 
falta. Espera un momento.
- Espero.
- Lo único que se me ocurre es estar concentrado 
permanentemente en lo que pienso, digo, siento o hago.
- ¿Por qué?
- Porque entonces el pasado no me influiría. Y el futuro lo 
decidiría yo con conocimiento de causa.
- Entonces, ¿dónde estarías viviendo? ¿en al pasado o en el 
futuro?
- Ni en uno ni en otro. Ahora me doy cuenta de que entonces 
estaría viviendo en el presente y sólo en el presente. ¡Y yo que toda la vida he creído que estaba viviendo en el presente!
- Pues, al parecer, estabas equivocado.
- ¡Y tan equivocado! Es que, cuanto más lo pienso, más claro lo 
veo: si me concentro sobre el presente, sobre lo que estoy haciendo y pensando y sintiendo y deseando, estoy tomando mi vida actual en mis manos. Pero es que hay algo mejor y es que estoy decidiendo libremente mi futuro, sin condicionamientos del pasado. Estoy realmente creando mi propia vida, siendo su protagonista, cosa que hasta ahora no había sido. ¡Esto es impresionante!
- ¿Y piensas que es muy ancha la banda en que puedes actuar, 
bien física, bien emocional, bien mentalmente, cuando estás 
concentrado?
- No. Es estrechísima. Porque, si me descuido, estoy en el pasado 
o en el futuro. El margen es estrechísimo… ¡Claro! Es que el presente es sólo un instante: antes es pasado y después es futuro.
- ¿Te recuerda algo esa estrechez?
- Claro que me recuerda: lo de que el Sendero es angosto y 
empinado, de Cristo. Y hasta el camino de en medio, de Buda. Y que es como el filo de una navaja.

- ¿Y por qué piensas tú que resulta tan difícil vivir concentrado en
lo presente?
- No lo sé. No se me ocurre.
- Tú conoces las Enseñanzas de la Filosofía Rosacruz. Por tanto, 
sabes cuáles son los tres objetivos principales de la vida, ¿no?
- Sí, eso lo sé: la espiritualización del carácter, el desarrollo de la 
voluntad y el crecimiento de la mente… ¡Ahora lo veo!
- ¿Qué ves?
- Que la observación desarrolla, a la vez, la voluntad y la mente. 
Y por eso nos resultan tan difíciles la concentración y la observación 
de ella derivada.
- ¿Entonces?
- Que comprendo por qué Max Heindel recomienda la 
concentración y la observación. Porque la mente es el último vehículo que hemos adquirido y, por tanto, aún no lo manejamos bien y nos da más pereza hacerlo funcionar. Y nos resulta más fácil sentir que pensar, porque el cuerpo de deseos lo tenemos muchos millones de años más y nos es más familiar su manejo. Y por eso las matemáticas nos resultan difíciles, porque se encuentran en el mundo del pensamiento y necesitamos usar la mente para comprenderlas. ¡Está todo tan claro!
- ¿Cómo concibes tú que los Hermanos Mayores no creen nuevo 
karma cuando piensan, sientes, hablan o actúan?
- Pues no se me ocurre… Espera…¡Claro! Porque viven sólo en el 
presente y no están condicionados por su pasado, cuyo karma ya 
fueron pagando hasta que se agotó y, al no crear nuevo karma…
- Perfecto.
- Pero, estoy pensando, ¿eso no se da de bofetadas con la 
retrospección que recomienda la Filosofía Rosacruz hacer cada noche antes de dormirse?
- Al contrario. Fíjate: si cada noche, antes de dormirte, repasas el 
día y borras el karma producido conscientemente, no dejas de vivir en el presente. Lo mismo que si piensas en cualquier cosa del pasado y lo haces concentrada y conscientemente. Tú mismo me has dicho que, cuando estás concentrado, no puedes pensar o sentir más que lo que tú quieres, ¿no? Entonces, aunque pienses en algo del pasado, porque tú quieras pensarlo, sólo sentirás lo que tú quieras y no lo que ese recuerdo le sugiera a tu subconsciente.
- Ahora lo comprendo. Y es verdad.
- Volviendo al ejemplo de Max Heindel. ¿tú crees que si esta
mañana, cuando te has puesto la camisa, lo hubieras hecho 
concentrado en lo que hacías, verdaderamente concentrado, no 
recordarías ahora cuántos botones habías abrochado?
- Seguro que sí, claro.
- Bien, entonces, ¿qué crees que Max Heindel quería decir al 
afirmar que miramos sin ver?
- Pues eso: que vivimos sin saberlo, sin ser dueños de nuestros 
pensamientos ni de nuestros deseos ni de nuestros actos. ¡Parece 
mentira pero es así!
- ¿Y qué habrá que hacer para vivir de verdad la vida de cada día?
- Sencillamente, intentar vivirla siendo conscientes en cada 
momento, de lo que estamos haciendo. Porque sólo así podemos 
ejercitar la epigénesis, que es uno de nuestros instrumentos, el que nos permite crear, poner en funcionamiento causas nuevas y no repetir siempre las mismas cadenas de causas y efectos, que sólo nos hacen revivir lo ya vivido y recrear el karma ya creado.
- Pues, ahora que lo sabes, trata de ponerlo en práctica porque, 
como todo, hay que practicarlo. Un día, un minuto, al siguiente, dos, luego cinco, después, media hora. Y así. La mente se irá 
acostumbrando y tú te sentirás cada día más dueño de tu vida, al 
margen del pasado, que ya pasó y creándote un futuro a tu medida con plena consciencia y plena responsabilidad.

8.-No cabe duda de que, tras millones de años dominando la 
Personalidad a la Mente, el espíritu ha llegado a adquirir una 
verdadera adicción por la Personalidad, hasta el punto de llegar, 
frecuentemente, a confundirse con ella. Veamos, pues, cuál es el 
proceso de toda adicción:
Las adicciones pasan por tres etapas características comunes a 
todas ellas:

1ª.- Al principio, son agradables.

2ª.- Luego, se nos hacen necesarias, hasta el punto de que no 
podemos prescindir de ellas.

3ª.- Por fin, pasan, indefectiblemente, a destruirnos o, por lo
menos, a perjudicarnos gravemente.

La identificación con la personalidad es una adicción y, como tal, 
cumple esas tres características, pues:

1ª.- Resulta agradable dejar vagar la mente y los deseos 
libremente. No cuesta esfuerzo y se vive en la fantasía.

2ª.- No podemos – no sabemos ya, a fuerza de tanto tiempo 
haciéndolo – dejar de pensar ni de desear ni de recordar ni de 
imaginar. Hemos llegado a creer que, si no pensáramos, no 
existiríamos. Recordemos a Descartes: “Pienso, luego existo.” Y, 
sensu contrario: “Si no pensara, no existiría” o, peor aún: “si no 
pienso, no existo” o, aún más grave; “cuando no pienso, no existo”
Pero, por encima de la mente, tenemos el espíritu, que no necesita de ella. Porque el espíritu puede existir sin mente (de hecho existe sin ella en su propio plano), pero la mente no puede existir sin espíritu. 
Fijémonos en que la frase de Descartes, consecuencia de la adicción del espíritu a la Personalidad, nos ha conducido al positivismo, al existencialismo, al nihilismo, al descreimiento y al materialismo reinante.

3ª.- Nuestros cuerpos de deseos y mental juntos, por naturaleza, 
no dejan de desear ni de pensar, archivar, organizar, elucubrar, 
fantasear, etc. respectivamente. Pero todo eso lo hacen de modo 
inconsciente, sin finalidad fija, sin utilidad, como las olas se mueven en el mar o las nubes en la atmósfera.
Tanto el cuerpo de deseos como la mente usan los recuerdos 
almacenados en el cuerpo vital, en base a ellos crean deseos y, en base a éstos, elucubran y suponen y profetizan y fomentan y sugieren expectativas de futuro.
Miedos nacidos en la infancia o en otras vidas y conservados por 
la memoria supraconsciente son revividos sin que nos percatemos. En las excavaciones de Atapuerca, cuya antigüedad se eleva a casi un millón de años, encontraron unos veinte esqueletos juntos pero sin señales de violencia. Murieron sencillamente de hambre. Y ese 
recuerdo que, seguramente todos tenemos de alguna vida, nos hace 
luego temer morir de hambre otra vez y nos inclina
subconscientemente a atesorar y a acaparar y a comer más de lo
prudente y a luchar con los demás por la supervivencia, aunque ésta
no esté amenazada. Y nos hace sentir miedo de ciertos animales 
(serpientes) o de ciertos instrumentos (punzantes) o de ciertas 
situaciones (vértigo, claustrofobia, agorafobia, xenofobia, misoginia, etc.).
Como, tanto la materia de deseos como la mental poseen sustancia 
de todas las vibraciones posibles, nuestros cuerpos de deseos y mental realizan ese trabajo con las materias de ambos mundos que vibran como ellos. Y, como no somos perfectos, esa materia no suele ser de la más elevada. Por eso, lamentamos continuamente nuestros errores del pasado, recordamos nuestros fracasos, nuestras desgracias, nuestros fallos, afloran nuestros miedos y nuestras fobias, y creamos deseos y expectativas en base a ese contenido. Pero, como ni el cuerpo de deseos ni la mente pueden estar quietos, en base al pasado, elaboran el futuro y, dada la vibración que la materia que utilizan, suele ser un futuro negativo. De modo que:

a.- Como los deseos nos hacen depender de su consecución, no 
podemos ser felices nunca, puesto que continuamente estamos 
deseando lo que nuestra mente crea o supone o imagina para el futuro. 
Y, por otra parte, como las expectativas y previsiones son negativas también, ya que se basan en un pasado negativo o en unos deseos 
insatisfechos, nos impiden sentirnos felices. De modo que todos 
estamos toda la vida con miedo: a la propia vida, a la muerte, a la 
enfermedad, al hambre, a la ruina, al qué dirán, al ridículo, al pasado, al presente y al futuro. Y nuestra vida es una sucesión de días infelices, recordando las frustraciones del pasado y esperando que llegue algo negativo y deseando que, por suerte, por milagro o por algo inesperado, todo cambie para bien.
A lo largo de la evolución del hombre, éste ha ido teniendo 
distintas aspiraciones y deseos. Y la Humanidad ha ido inventando y creando nuevos productos para satisfacer sus necesidades vitales 
(cobijo, abrigo, defensa, alimento, familia, sociedad, etc.), que se 
hicieron accesibles prácticamente a todos. Pero seguimos escrutando la naturaleza, descubriendo nuevas tierras, nuevos modos de expresión, nuevos alimentos, nuevas armas, nuevos vestidos, nuevos productos de todo género, y el hombre empezó a desear su posesión y utilización. Y se esforzó por lograrlos y hasta luchó por ellos. Y  seguimos creando nuevos polos de atracción, nuevas fábricas de  deseos, continuamos produciendo necesidades ficticias pero que nos  hacen desear permanentemente lo que no tenemos.
Y como, mientras deseamos algo es porque no lo tenemos y, si no 
lo tenemos, no podemos sentirnos felices, sino desgraciados, ni en 
paz, sino tensos, ni completos, sino incompletos, han empezado a 
aparecer la insatisfacción, las modas (bien que éstas realmente son ya  antiquísimas, aunque cambie continuamente su contenido) y, 
últimamente, el stress (consecuencia de la permanente tensión), y la  depresión (consecuencia de la permanente sensación de no estar 
completos).
Por fin, la publicidad, que cada minuto, cada segundo, en toda 
circunstancia y en todo el mundo, no deja de sugerirnos y de crearnos  nuevas necesidades y, consecuentemente, nuevos deseos que, al no  poderlos realizar siempre, se convierten en nuevas necesidades y, consecuentemente, en nuevas frustraciones, ha acabado de colmar el vaso de la resistencia humana. Y, ante esta situación, sólo caben dos posturas: o dejarse llevar por la locura de sentir todos los deseos derivados de todas las ofertas que, sin parar, nos salen al paso, gracias a la publicidad multiforme, incansable y cruel (y, generalmente ajena a la moderación, la salud, la honestidad, la colaboración, la tolerancia, la aspiración intelectual o espiritual, etc. y sólo basada e intentando enfocase en el egoísmo sin límites, el materialismo, el desenfreno, las adicciones, los excesos, la competición, el aislamiento del individuo en medio de la sociedad y en competencia con ella y con los demás, y todo ello con la única y exclusiva finalidad de obtener beneficios 
económicos a costa de lo que sea) o reaccionar, darse cuenta de que la mayor parte de todo eso no nos es realmente necesario, sino que sólo lo creemos porque nuestro cuerpo de deseos así lo siente, y racionalizar nuestras posibilidades y ajustarnos a lo verdaderamente necesario para sentirnos plenos y satisfechos.
Por eso los orientales dicen que “hay que matar los deseos”. Pero, 
matando el deseo no avanzamos. Hay que tener deseos, pero 
controlados por la mente, por el discernimiento, de modo que 
podamos sentirnos felices cuando nuestras aspiraciones racionales y
lógicas han sido o están siendo satisfechas.
La publicidad, pues, es el último nuevo enemigo de la 
Humanidad. Y ésta tendrá que pasar, individuo a individuo, por la 
prueba de vencer todas esas lentejuelas que lo atraen, que lo dominan que, realmente, constituyen una adicción, aunque no se la reconozca aún oficialmente como tal, y dar un paso adelante en su evolución, primero como individuo y, luego, como conjunto.
El aspecto individual es cosa de cada uno, pero el conjunto ya está 
siendo observado y estudiado por determinados sectores como la 
Asociación de Anunciantes, que hablan ya del hastío que producen los anuncios, responsables del hiperconsumo, del acoso de que son 
víctimas, de incontables propuestas de vida imposibles.

b.- Como el pasado ya pasó y, consecuentemente, no existe y nada 
de él podemos modificar, y como el futuro no ha llegado, resulta que nuestra vida está basada en dos cosas inexistentes: pasado y futuro, que como inexistentes, no podemos cambiar.

c.-Nuestro espíritu, aún poco ducho en el manejo de sus vehículos 
inferiores, no puede actuar conscientemente en el pasado – porque ya no existe - ni puede actuar conscientemente en el futuro porque 
tampoco existe. Sólo puede actuar conscientemente en el presente.

d.- Pero, aunque el único momento en que podemos configurar 
conscientemente nuestro futuro es, precisamente, el momento 
presente, realmente, no vivimos nunca – o casi nunca – , en él, porque no tenemos en él centrada nuestra conciencia. 

e.- Pero, ni el cuerpo de deseos ni la mente pueden soportar el 
presente, porque el presente supone que la voluntad está fijándose en algo concreto ajeno al pasado y al futuro, por lo que al estar el 
presente fuera de sus campos de actuación, quedan ambos vehículos impotentes para actuar por sí mismos y han de someterse a la voluntad dominante. Recordemos que se nos dice que los mundos mental, de deseos, etérico y físico son “mundos de ficción”, inexistentes en realidad, y que el primer mundo real es el del Espíritu de Vida, donde  todo es una unidad, donde todo es uno y uno es todo, donde no existe el tiempo, ni hay pasado ni futuro, sino que rige el ETERNO AHORA.

f.- Si dejamos de pensar un momento, el espíritu está 
conscientemente en el cuerpo y desparecen todos los deseos y 
pensamientos compulsivos e inconscientes. Estamos en el presente.

g.- Al plantearnos resolver un problema, sin darnos cuenta, 
durante unos segundos, dejamos de pensar. ¿Qué está ocurriendo? 
Que el espíritu está siendo el dominante y, automáticamente, el cuerpo de deseos y la mente se han puesto firmes y dispuestos a obedecer si la voluntad que se les enfoque es lo suficientemente fuerte.

h.- Por eso, mientras estamos conscientemente en el presente, los 
pensamientos y deseos compulsivos desaparecen, dejan de imponerse y de influenciarnos.

i.- Si nos convertimos en observadores de nosotros mismos, si nos 
retiramos un poco del escenario vital y contemplamos cómo actúa 
nuestra personalidad cuando obra inconscientemente, esos deseos y pensamientos no deseados se funden como la cera. Si, cuantas veces mejor, a lo largo del día, observamos nuestros pensamientos y deseos inconscientes, cada vez estaremos más tiempo en el presente. Y el 
presente supone paz, una paz indescriptible, libre del ruido de los 
pensamientos y deseos inconscientes. La Paz de los Dioses. El eterno ahora.
Veamos dos ejemplos de la situación en que la mayor parte de la 
Humanidad se encuentra con relación al dominio de los deseos:

a.- ) EL MISTERIO DEL ELEFANTE
Cuando era chico me encantaban los circos, y lo que más me 
gustaba de ellos eran los animales, y dentro de ellos, mi preferido era el elefante.
Durante la función, la enorme bestia impresionaba a todos por su 
peso, tamaño y, sobre todo, por su descomunal fuerza.
Pero, después de su actuación y hasta un rato antes de volver al
escenario, uno podía encontrar al elefante detrás de la carpa principal, atado, mediante una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
La estaca era solo un minúsculo pedazo de madera, apenas 
enterrado unos centímetros en la tierra.
Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que 
ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente:
¿Por que el elefante no huye, arrancando la pequeña estaca, con el 
mismo esfuerzo que yo necesitaría para romper un palito de fósforos? 
¿Qué fuerza misteriosa lo mantiene atado, impidiéndole huir?
Tenía unos siete u ocho años, y todavía confiaba en la sabiduría 
de las personas grandes. Pregunté entonces a mis padres, maestros y tíos, buscando respuestas a ese misterio. No obtuve una respuesta 
coherente (la edad no es un impedimento para percibir la coherencia, o la falta de ella, en lo que la gente nos dice).
Alguien me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba 
amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: -Si es cierto que esta amaestrado, 
entonces... ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido 
ninguna respuesta que me satisficiese.
Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y 
sólo lo recordaba cuando me encontraba con gente que me daba 
respuestas incoherentes, por salir del paso, y, un par de veces, con 
otras personas que también se habían hecho la misma pregunta.
Hasta que hace unos días, encontré una persona, lo 
suficientemente sabia, que me dio una respuesta que al fin me 
satisfizo: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca toda su vida desde que era muy pequeño".
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño elefantito, con solo unos 
días de nacido, sujeto a la estaca. Estoy seguro que en aquel momento el animalito empujó, estiró, sacudió y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de todo su esfuerzo, no pudo librarse. La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Podría jurar que el primer día se durmió agotado por el esfuerzo 
infructuoso, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que siguió... Hasta que un día, un terrible día, el animal aceptó su  impotencia, y se resignó a su destino. El elefante dejó de luchar para liberarse.
Este elefante enorme y poderoso no escapa, pues, porque cree que 
no puede hacerlo. Tiene grabado en su mente el recuerdo de sus, 
entonces, inútiles esfuerzos y, ahora, ha dejado de luchar, no es libre, porque ha dejado de intentar serlo. Nunca más intentó poner a prueba su fuerza.

b).- LA PROTECCIÓN ELÉCTRICA CONTRA EVASIONES
Yo tuve, hasta que murió, hace cuatro años, un perro chow-chow, 
que era una maravilla por lo bueno y por su apariencia de león, Pero, cuando le entraba la fiebre de escaparse, atravesaba cualquier barrera, incluso daba saltos de cuatro o cinco metros hasta el jardín del vecino para escaparse. Tras múltiples intentos para evitar esas salidas, di con el procedimiento que los ganaderos emplean para evitar que los bovinos se salgan de los prados en los que pacen y que consiste en un tendido eléctrico que se tiende por el linde que no deben traspasar y que lleva una corriente como la de una pila de linterna, es decir, inofensiva y muy suave. Y lo instalé. Y ocurrió que mi perro, que no se arrugaba aunque lo atacasen los mayores ejemplares del dogo danés, recibió dos días seguidos la correspondiente descarga al intentar cruzar y, desde entonces, ni siquiera lo intentó. El sistema se estropeó al mes de instalado, pero el perro, hasta que murió, dos años después, jamás intentó salir del linde permitido.
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante y como 
mi perro y los bovinos: vamos por la vida atados a cientos de estacas o limitados por circuitos eléctricos inofensivos (en realidad, sólo prejuicios), que nos restan libertad. Vivimos creyendo que "no 
podemos" con un montón de cosas, simplemente porque alguna vez 
probamos y no pudimos. Grabamos en nuestra mente: “No puedo... No puedo y nunca podré”. Crecimos portando ese mensaje, que nos impusimos a nosotros mismos, y nunca más lo volvimos a intentar. Y esas “convicciones” son la materia prima de las elucubraciones que nuestra mente y nuestro cuerpo de deseos fabrican cuando los dejamos actuar por su cuenta, sin la dirección de la voluntad.
En el campo psicológico, el aprendizaje acerca de nosotros mismos 
está siempre en el presente, mientras que el conocimiento está siempre en el pasado. Y, como la mayoría vivimos en el pasado, el 
conocimiento se vuelve extraordinariamente importante para nosotros. 
Por eso reverenciamos al erudito, al experto, al ingenioso. Pero, si 
estamos siempre aprendiendo, aprendiendo cada minuto, aprendiendo mientras observamos y escuchamos, aprendiendo mientras vemos y actuamos, entonces descubriremos que el aprender es un acto constante, sin pasado. Y que, mientras estemos aprendiendo, sea lo que sea, estaremos viviendo en el presente.
La solución a la situación en que nos encontramos, al obedecer 
inconscientemente al Cuerpo de Deseos y al Mental es, visto todo lo expuesto, es muy sencilla y la resumimos en las cinco siguientes 
reglas: 

1ª.- VIVIR EN EL PRESENTE.

2ª.- SER CONSCIENTES DE LO QUE ESTAMOS HACIENDO EN CADA MOMENTO. 

3ª.- SI, ALGUNA VEZ, NOS DISTRAEMOS Y NOS DAMOS 
CUENTA DE LA CATERVA DE PENSAMIENTOS Y DE DESEOS QUE SE PRODUCEN EN NUESTRO INTERIOR SIN NUESTRO PERMISO, SÓLO TENEMOS QUE ALEJARNOS UN POCO, ASOMARNOS TRANQUILAMENTE AL BALCÓN DE ESE 
MUNDO INTERIOR Y, SIN JUZGARLOS, VERLOS PASAR EN TROPEL.

4ª.- COMO ENTONCES ESTAREMOS CONCENTRADOS EN ESA LABOR, ELLOS, INSTANTÁNEAMENTE 
DESAPARECERÁN.

5ª.- SI HACEMOS ESTO CON LA FRECUENCIA 
NECESARIA, NUESTROS DÍAS FUTUROS SE CONVERTIRÁN EN UN MAGNÍFICO, FRUCTÍFERO Y ALEGRE PRESENTE.

La vida virtual

La realidad virtual es una adquisición reciente de la técnica que nos
hace confundir la realidad con lo que, aparentemente, lo es, porque 
hace participar en ésta a varios sentidos y permite interactuar con los personajes ficticios de esa realidad virtual.
Y, a la vista de eso, uno se pregunta:

¿Y si nuestros Espíritus Virginales, en el Mundo de los Espíritus 
Virginales o en el Mental, estuviesen viendo una para ellos “realidad virtual” que para nosotros es nuestra “vida real”?
Cuando fijamos nuestra atención en algo, incluso cuando actuamos 
con plena conciencia, realmente concentrados, desaparecen todas 
nuestras preocupaciones, así como el pasado y el futuro. Estamos en lo que llamamos “el presente”, pero que sólo dura un instante porque, enseguida es ya pasado. Sería la visión de una porción infinitesimal del que las religiones llaman “el eterno ahora” en el que viven los dioses. Un presente en el que están comprendidas todas las posibilidades, de las que nosotros sólo vemos una en cada instante.
La Epigénesis es nuestra capacidad creadora, la posibilidad de 
inaugurar cadenas de causas y efectos inexistentes hasta ese momento. 
Se nos dice que, si no tuviésemos la Epigénesis, todo sería mecánico en el universo, obedeciendo sólo a las mismas cadenas de causas y efectos. Pero, como somos chispas divinas y, por tanto, seres creadores, podemos inaugurar nuevas cadenas causales. Sin embargo, no cabe duda de que, si bien es razonable que si imitamos lo que el Dios de nuestro Sistema Solar ha hecho, no seremos sino imitadores y nunca creadores, también lo es que el Absoluto debe abarcar en su conciencia todo lo posible en todos los sentidos, en toda la manifestación.
¿Qué es, pues, lo que vemos, lo que percibimos, cuando nos 
concentramos y actuamos concentrados en lo que hacemos? ¿Y si 
fuera como si abriésemos un orificio en el velo que cubre la 
conciencia del Absoluto, por el que viésemos sólo una porción ínfima de lo en ella contenido, y ese orificio fuese desplazándose al actuar nosotros y tomar una decisión (la vida es una sucesión ininterrumpida de decisiones), enfocándonos la consecuencia de esa decisión prevista ya, como es lógico, por el Absoluto? Sería algo así como esos trucos cinematográficos que, para darnos la sensación de que dos actores viajan en coche, los sientan en un coche parado y proyectan detrás de ellos una película de ese paisaje en movimiento.
Es lo mismo que ocurre con las partículas subatómicas o 
elementales: que, antes de pasar de una órbita a otra, las tantean todas e interactúan con todas – produciendo sus efectos – pero, al mismo tiempo, se sitúan en una concreta, en la que se quedan. Eso explicaría el que, mientras estamos concentrados, no existen ni el pasado ni el presente, porque ambos son simples espejismos, lo mismo que el tiempo, y lo único existente es lo que la conciencias del Absoluto contiene, que es todo lo posible.
Y, profundizando más en el tema del Presente, nos damos cuenta 
de que los ocho pilares de que nos habla Max Heindel y que hacen 
posible nuestra evolución espiritual, están directamente relacionados con “el Presente,” con el VERDADERO PRESENTE, ése en el que nuestra voluntad detiene los pensamientos y deseos espontáneos, para 
establecerse en el ETERNO AHORA. Veamos, sino, uno a uno, esos ocho pilares: 

1.- La OBSERVACIÓN. Imposible que sea verdadera 
Observación si no estamos concentrados en la misma, es decir, en el Presente.

2.- La CONCENTRACIÓN. Base de los otros seis pilares. Se 
justifica por sí misma.

3.- El DISCENIMIENTO, que está por encima de los deseos, las 
emociones y es la negación de los pensamientos espontáneos y no 
conscientes.

4.- La MEDITACIÓN. Imposible si no prescindimos de los frutos 
de la mente y del cuerpo de deseos, mediante un salto a los planos 
superiores, para recibir sus mensajes.

5.- La ORACIÓN. Únicamente verdadera si estamos concentrados en este quehacer.

6.- La RETROSPECCIÓN, en la que, aunque estemos 
examinando el pasado, lo hacemos con plena consciencia, para extraer sus enseñanzas, pero actuando en el presente y plenamente sabedores de ello.

7.- La CONTEMPLACIÓN, que requiere, no sólo mucha 
elevación, que lleva consigo la ausencia de influencias de la
Personalidad, sino una gran concentración.

8.- La ADORACIÓN, verdadera unión con Dios, último escalón 
de la escala que se inicia con la concentración.
Los ocho pilares, pues, parten de la base de la concentración y 
todas son incompatibles con el pasado y el futuro y se apoyan en el 
presente, ese presente que no es fugaz, sino permanente y en el que 
todo es uno y el tiempo no sólo no fluye, sino que ni siquiera existe.
Aunque no es recomendable divulgar ciertas experiencias 
personales de tipo espiritual, a veces, con fines docentes o de estímulo a los estudiantes, está permitido hacerlo y, en este caso, voy a hacer una excepción de ese tipo relatándoos una vivencia mía personal, no para presumir – ése es el gran peligro – sino para ilustraros sobre lo que puede ser ese “eterno ahora” y animaros a creer y estudiar y hollar el Sendero con confianza y con ilusión.

La mañana mágica

Mount Ecclesia es un lugar especial. Todos lo sabemos. Y los que han estado allí, con más motivo. No en balde fue elegido por el Hermano Mayor. Y no en balde convergen allí, por un lado, las energías telúricas propias de un lugar tan privilegiado; por otro, las que se enfocan desde lo alto por las Jerarquías; luego, las evocadas por todos los Centros, probacionistas, estudiantes y enfermos que han solicitado sanación, de todo el mundo; y, últimamente, las que se evocan allí mismo, cada día, desde la Capilla, el Templo de Sanación o “Healing” y el Templo propiamente dicho, durante los respectivos  Servicios Devocionales.
Depende de la sensibilidad de cada uno el que experimente allí 
algún fenómeno particular o no. Generalmente, no se da uno cuenta mientas está allí de que es un lugar especial. Suele ser luego, cuando se regresa a casa, cuando se apercibe de que, durante su estancia en Mount Ecclesia, no se encontró en su estado normal, el de siempre, sino que fue algo distinto. Una especie de conciencia ampliada, de aceleración interna y de apertura desacostumbrada a la devoción, la amistad y la alegría interior.

Por supuesto que mis vivencias son sólo mías y nadie tiene por
qué aceptarlas, ni yo tendría por qué hacerlas públicas. Pero, como
considero que no debe ser el mío el único caso y estoy seguro de que puede ayudar a alguien, voy a relatar una experiencia vivida allí el 13 de julio de 2002.
Todas las mañanas, antes de entrar en la Capilla para asistir, a las 
7,45 al Servicio Matutino, me desviaba unos minutos y me introducía en el denominado “Meditation walk” o “Paseo de la Meditación”. No sabría decir por qué, pero aquel estrecho pasillo asfaltado, entre paredes de flores, arbustos y árboles resplandecientes de luz y color, me atraía de un modo particular. Especialmente, experimentaba esa atracción a partir de una zona en la que se encuentran unos árboles, para mí desconocidos que, cubiertos de flores esféricas y plumosas de todos los tonos imaginables del violeta, cubrían, como un techo protector de unos cuantos metros, al paseante. Todos los días, al llegar allí, me detenía un momento. Sentía algo especial, pero era una sensación inconsciente, no percibida, no hecha propia, más bien la 
sutil percepción de algo elevado.
A esos árboles seguían flores de todo tipo y color, que 
abarrotaban, a ambos lados, el campo visual. Era como pasear por el arco iris. El Meditation Walk comunica los alrededores de la Capilla con los alrededores del Templo, pasando junto al Healing, en que se encuentra la pequeña Capilla de tal dependencia. Pero, antes de llegar a ella, el lado derecho del camino quedaba despejado en la parte aérea, aunque seguía el tapiz de flores y, desde él, se dominaba, allá abajo, el enorme Valle de San Luis Rey, cuya vista quedaba atravesada verticalmente por un bosquecillo de treinta o cuarenta enhiestos postes de pitas florecidas que crecían en la ladera, coronados por sus hermosas inflorescencias arracimadas, de un amarillo brillante, que destacaban llamativamente sobre el azul del cielo y eran visitadas 
asiduamente por una serie de rapidísimos colibríes, ávidos de su 
néctar, que libaban gráciles, introduciendo sus largos picos en las 
flores, mientras se mantenían, inmóviles, en el aire, aleteando a 
velocidad vertiginosa.
Este paseo me alimentaba cada mañana, me hacía vislumbrar algo 
que me atraía y que no acababa de concretar, pero que bullía dentro de mí. Era como una promesa de algo, una desazón parecida a la que nos embarga anunciándonos la inminencia de la lluvia o del fogonazo del relámpago o la caída de la nieve. Me gustaba, pues, pasear un cuartode hora por allí, rezando el Padrenuestro, hasta que escuchaba lacampana, a las 7,30, que anunciaba la apertura de la puerta de la Capilla y la posibilidad de penetrar en ella y meditar un cuarto de hora al arrullo de la suave e inspiradora música que brotaba del órgano allí instalado, hábilmente convertido por el organista de turno en una fuente de dicha sonora. Era, pues, aquélla una hermosa manera de comenzar el día. Y así inicié todos los que pude. Hasta que una mañana, precisamente la del citado 13 de julio, sucedió:

Llegué bajo los árboles vestidos de violeta, cuyos troncos 
bordeaban la parte derecha de aquel trozo del sendero; a sus pies y a mi izquierda y enfrente, en cuanto alcanzaba la vista, se extendía un abigarramiento de flores, una explosión de color, acariciado por una luz limpia y una brisa perfumada. Una fiesta para los sentidos… Me detuve para percibir más clara, más intensamente, aquella sensación especial de bienestar que, insensiblemente, me inclinó a empezar a rezar. Pero no recé como todos los días. No sabría explicar por qué, les dije, sin palabras, a todas aquellas flores, que iba a rezar el Padrenuestro y que iba a compartir con ellas sus intensas e indescriptibles vibraciones. Y, súbitamente, como ocurre en las películas cuando se cambia de plano, me di cuenta, supe con certeza, que todas aquellas flores estaban pendientes de mí y me estaban mirando. Me sorprendí. Mucho. Me asombró aquella situación, propia de un cuento de hadas. Incluso pensé que se debería a la presencia de algún otro ser de elevada espiritualidad, y miré, respetuoso, en mi entorno y hasta detrás de mí. Pero no. Las flores de todo tipo me estaban mirando ¡a mí! Pareció como si los procesos de la naturaleza se hubiesen detenido y lo más importante del mundo fuese aquella inusitada escena. Habían hecho girar sus tallos y estaban, como palpitando, pendientes de mí. Todas. Yo percibía perfectamente sus suaves corrientes de gratitud, que me rodeaban y me embargaban y elevaban mi vibración. Así que, impulsado por una inefable fuerza interior, comencé mi Padrenuestro. Entonces se produjo el segundo milagro: De un modo que jamás alcanzaré a explicar, al pronunciar la primera frase, la de adoración, pude elevarme muy, muy alto y… desde ese instante, sentí que todas las flores y los árboles y los arbustos y las hierbas y los colibríes estaban conmigo y me iban devolviendo con creces lo que yo les iba brindando. Yo iba recibiendo, muy perceptiblemente, las energías de lo alto, mientras caminaba, y las derramaba a mi alrededor. Y, al mismo tiempo que esto sucedía, me sentía uno con ellas. Y ese sentimiento de identificación, de unidad, me embargaba, me llenaba, me elevaba, me compenetraba. Experimentaba, sabía, vivía cómo todos aquellos seres 
sentían lo que yo y me lo agradecían y me rodeaban de un halo de 
gratitud y de amor inenarrables, que me llenaba de plenitud y de 
conocimiento y de vida, de verdadera vida. Los colores de las flores habían adquirido unos tonos vivos y hermosísimos, como jamás había visto; el cielo era más azul; la luz más brillante; los colibríes, a mi derecha, se arracimaban a decenas, revoloteando gozosos y 
agradecidos, más deprisa que nunca, mientras se bañaban felices en aquella vibración unificadora. Me sentí flor y árbol y brizna de hierba y brisa y cielo y colibrí, y supe que ellos se sintieron humanos. 
Formamos una inenarrable unidad de conciencia. Durante unos 
minutos, pocos pero eternos, compartimos todos la misma vida, el 
mismo amor que descendía de lo alto y la misma gratitud y devoción que se elevaban desde nuestro interior. Y experimenté, en toda su intensidad, una verdadera electrocución de amor. Y supe que las plantas y los pájaros también oran. Y perciben el amor. Y saben compartirlo. Y agradecen lo que por ellos se hace. Fue algo impagable el tener la ocasión de sentirse uno con todo aquel conjunto variopinto y hermoso y compartir con él la vida misma.
El maravilloso y único hechizo se rompió cuando sonó la 
cantarina voz de la campana. Súbitamente, todo volvió a su estado 
anterior. Todo menos yo. Yo ya no he sido el mismo desde entonces. 
Me dirigí a la Capilla y agradecí, llorando, esta experiencia que me 
permitió comprobar en mi propia carne, que la vida es una y la misma, cualquiera que sea la forma que adopte, y que todos somos Uno en Dios.
Tengo la fortuna de haber grabado tan bien en los estratos 
superiores de mi éter reflector aquellas vivencias, que puedo 
reproducirlas a voluntad, y volver a bañarme en aquellas vibraciones y sentirme uno con todos y compartir la paz, la inmensa paz y la alegría inenarrable y la felicidad y la plenitud y el amor divinos aunque, claro está, todo ello atenuado, supongo que por mi falta de elevación pero, aún así, de un modo verdaderamente sublime.

* * *








1 comentario:

  1. Muchísimas gracias Francisco Manuel Nacher López! Ya lo había leído una vez anterior, pero hoy por segunda vez lo leo y me ha fascinado más...por supuesto, como material de estudio lo repasaré de cuando en cuando...
    Gracias Edgardo por divulgar estos preciosos artículos! QLRFSVC

    ResponderEliminar